De un tiempo a esta parte, están creciendo los partidarios de vivir en una casa sostenible. Hablamos de inmuebles cuya orientación se aprovecha al máximo para reducir el gasto en suministros, con un buen aislamiento y en los que la huella de carbono producida por las emisiones generadas por su construcción haya sido mínima. La sostenibilidad se está convirtiendo en una variable importante a la hora de comprar una casa. Aunque el precio y la localización siguen estando muy por delante, escoger un inmueble capaz de no comprometer la capacidad de las futuras generaciones es una apreciación que va haciéndose fuerte entre los compradores. En general, el factor ahorro es lo que está acabando por convencer a la demanda. Apostar por una eficiencia energética alta significa alinearse con el cuidado con el medio ambiente, pero supone también un alivio para nuestro bolsillo a medida que pasa el tiempo.

Tal y como recoge el informe ‘La sostenibilidad en la demanda de vivienda en España’, elaborado por Fotocasa y Solvia, vivir en una casa sostenible es fundamental para el 20% de los que están interesados en ser propietarios, mientras que para los potenciales inquilinos, el porcentaje baja al 17,3%. El principal escollo al que se enfrentan aquellos que desean residir en un piso más sostenible es que resulta caro. Las casas con una certificación energética A o B requieren de una inversión más alta. De hecho, si bien el 54% de los españoles en proceso de mudarse a un inmueble en propiedad reconoce que pagaría más por una vivienda sostenible, el 49% reconoce que no incrementaría más del 5% su presupuesto, aunque un 33% estaría dispuesto a incrementarlo hasta un 10%. Entre los motivos que apuntan los encuestados para realizar un mayor desembolso estaría el hecho de considerarlo una inversión que reducirá sus facturas a largo plazo (69,4%), por una cuestión de preocupación medioambiental (43,1%) o por una mayor calidad de los materiales de la vivienda (31,7%).

La sostenibilidad en la vivienda de obra nueva

La mayoría de los compradores tienen claro que, a día de hoy, la oferta de promoción residencial es la que mejor puede cumplir con la sostenibilidad. Según el informe ‘El viaje del comprador en España’, realizado por la promotora Culmia en colaboración con la firma demoscópica Sigma2, los criterios sostenibles van ganando peso cuando se busca una vivienda nueva, lo que demuestra que la concienciación de la sociedad es cada vez mayor. El 50,1% de los encuestados estimaron que la eficiencia en el gasto eléctrico y el uso de energías renovables son los aspectos más relevantes. El encarecimiento que ha experimentado la luz favorece la búsqueda de soluciones que rebajen la factura, al tiempo que los cortes en el suministro de gas ruso debido a la guerra en Ucrania están obligando a mirar hacia otras fuentes de energía capaces de abastecer las necesidades de los hogares. En segundo lugar, se situó la calidad ambiental interior, la limpieza de aire y el control térmico, señalada por el 19,6% de los encuestados. Después, aparecieron el consumo racional de agua, con el 15,8%, y la incorporación de sistemas de reciclaje y uso de materiales sostenibles, con un 11,4%. Por último, el elemento menos valorado fue la domótica y la tecnología (3,1%).

El deseo de habitar un espacio respetuoso con el entorno fue asumido como reto por la arquitectura hace tiempo. Los arquitectos tienen claro que la resiliencia, la flexibilidad y la sostenibilidad son los tres pilares básicos que guiarán sus proyectos residenciales. El estudio ‘The new habitat’, desarrollado por APE Grupo, refleja que la sostenibilidad es un valor añadido para el 70% de los profesionales frente al 60% recogido hace un año. El cambio climático nos obliga a actuar con urgencia, por eso es primordial tomar decisiones energéticas que reduzcan nuestra dependencia hacia combustibles fósiles altamente contaminantes dentro del hogar. La solución no solo pasa por inclinarse hacia sistemas que reduzcan el consumo y optimicen los recursos disponibles, sino también en ir un paso más allá y pensar en cómo autogenerar nuestra propia energía, de ahí que las viviendas pasivas estén llamando la atención y se estén constituyendo poco a poco como una salida viable, debido a su autonomía.

La sostenibilidad de la vivienda de segunda mano

También la vivienda usada puede ganar en sostenibilidad realizando una serie de mejoras. No en vano, esta necesidad de rehabilitación resulta inaplazable si queremos reducir el impacto humano en el planeta. La antigüedad es un factor que juega en contra de la viabilidad de nuestra parque residencial: cuatro de cada cinco edificios son ineficientes energéticamente y su edad media se estima en alrededor de 45 años. Asimismo, el 81% de las viviendas españolas tiene una certificación energética E o inferior, tal y como indica el informe ‘Eficiencia energética y su impacto económico en la vivienda’, realizado por Balantia y Colliers, en el que se calcula que el rechazo a no realizar obras que eleven la eficiencia energética en las mismas supone un derroche de 32.000 millones de euros al año. Los fondos europeos Next Generation, articulados a través del Plan de Rehabilitación y Regeneración Urbana y dotados de 6.820 millones de euros de ayudas públicas para la rehabilitación de viviendas son un estupendo aliciente para realizar unas mejoras que se amortizarían en un plazo inferior a cinco años. Además, estas obras de mejora revalorizarían la vivienda, aumentado un 10% el precio de venta y entre un 9,5% y un 11% el de alquiler. Precisamente, en lo que respecta al arrendamiento, una casa más sostenible arrojaría una rentabilidad superior al 5,5%.

La gran pregunta es si los propietarios de estos pisos menos sostenibles estarían dispuestos a subir de nivel. Según el estudio ‘Cómo cuidar la Tierra desde casa’, publicado por UCI (Unión de Créditos Inmobiliarios), la pulsión por habitar espacios más sanos está calando entre los españoles. De este modo, un 23% de los encuestados estaría dispuesto a invertir entre 5.000 y 10.000 euros para rehabilitar su casa conforme a criterios sostenibles, mientras que otro 24% llegaría a desembolsar entre 10.000 y 50.000 euros. Únicamente un 8% es contrario a la idea de invertir para mejorar su vivienda, al tiempo que un 21% revela que se mudaría a otra casa en busca de estas características. Los propietarios están especialmente preocupados por la presencia de humedades, la escasez de luz natural y el mal acondicionamiento térmico, por lo que el aislamiento de suelos, paredes, techos y ventanas sería su prioridad. También se muestran partidarios de sustituir sus sistemas de calefacción por otros más limpios y eficientes, además de instalar placas solares para el autoconsumo.