¿Por qué seguimos obsesionados con los depósitos?

El depósito bancario es, sin duda, el producto de inversión más popular entre los ahorradores españoles. Con un perfil de riesgo realmente bajo, este vehículo es ideal para los ciudadanos más conservadores, que buscan dónde colocar su dinero de forma segura y a un plazo fijo, previamente pactado con el banco. A cambio, una vez pasado el tiempo estipulado, el cliente recibe un rendimiento que, además, es conocido desde el primer momento. Sin embargo, en los últimos años los depósitos han reducido de forma drástica su rentabilidad.

Según datos del Banco de España, la remuneración media de los depósitos a plazo hasta un año alcanzó en mayo de 2017 el 0,09%, un interés muy alejado del 4,55% que se llegaba a ofrecer en el mismo mes de 2008. Además, a la comodidad en la que está instalado el cliente tradicional, que no se desprende del clásico depósito aunque sus ahorros estén languideciendo, se le une la seguridad de su dinero está protegido por un organismo llamado Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito hasta un máximo de 100.000 euros.

Rentabilidad a la baja

Las personas fieles a los depósitos tienen aversión al riesgo y confían en su banco de siempre, por eso apuestan por un recurso fácil, que no exige amplios conocimientos financieros y que aporta tranquilidad. El ciudadano de a pie tiene claro que tanto la Bolsa como otros productos de inversión de nivel superior son para personas que juegan en otra liga. Por otro lado, las oportunidades inmobiliarias cada vez son más escasas y no todo el mundo dispone de la liquidez suficiente como para comprar al contado.

La política de bajos tipos de interés aplicada por el Banco Central Europeo seguirá presionando a la baja el rendimiento de los depósitos hasta convertirlos en simples contenedores de ahorro o, incluso, en productos atados a rentabilidades reales negativas. Así, llegará un momento en el que el cliente que renueva año tras año su depósito verá que sus ahorros crecen de forma mínima o nula, abandonará su postura inmovilista, se informará y decidirá buscar alternativas rentables asumiendo cierto riesgo.

Riesgo bajo control

Nadie duda de que los escándalos que han saltado a las primeras páginas relativos a productos bancarios vendidos a personas con baja cultura financiera son un obstáculo para que otros vehículos de inversión como el crowdlending se popularicen en la sociedad. Sin embargo, las plataformas como Civislend minimizan el riesgo aplicando estrictos controles para verificar la solvencia de los promotores que buscan financiación por medio de inversores particulares. Estos filtros también ponen a prueba la viabilidad de los proyectos. Por otro lado, los inversores no acreditados tienen limitada su inversión a 3.000 euros por proyecto y a 10.000 euros anuales en el total de plataformas.

El crowdlending es una opción real que poco a poco irá extendiéndose en España. Aquellos que han tenido su dinero “durmiendo” en depósitos empezarán a trasladar pequeñas cantidades a plataformas que, como Civislend, apuestan por la economía real y por el entendimiento entre inversos y promotores.

Registrarme
Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Ver política de cookies