La pasada edición del Salón Internacional Inmobiliario de Madrid (SIMA) fue un reflejo de dos evidencias: el ambiente de optimismo por la recuperación del sector y la apuesta por la innovación. Los datos de subida del precio de la vivienda, de la demanda, del alquiler y de las transacciones corroboran la primera realidad.

En cuanto a la segunda, bastaba darse una vuelta por los distintos stands para comprobar que la digitalización y la innovación configuran dos de las apuestas actuales del sector. Desde pantallas para realizar un paseo virtual por las nuevas promociones, hasta un robot que hacía las veces de agente inmobiliario, pasando por unas gafas de realidad aumentada o un gran cubo con pantallas gigantes y una cámara que leía los rasgos faciales de cada persona. ¿Con qué fin? Indicarle el tipo de casa adecuada a cada una o su lugar idóneo para vivir, desde Madrid y Barcelona a Cartagena o Murcia.

La innovación en el sector se apoya en otro importante eje: las proptech, las start up nacidas al calor de la nueva ola inmobiliaria. Son proyectos empresariales basados en plataformas digitales o app, especializadas en un servicio muy específico relacionado con este mercado.

Algunas de estas firmas están a caballo entre una proptech y una fintech (start up especializadas en servicios financieros). Civislend, Urbanitae y Housers, entre otras, entrarían en esta categoría, ya que están especializadas en buscar financiación de pequeños inversores para nuevas promociones. En ningún caso, sustituyen el crédito bancario. Actúan como complemento.

El inmobiliario se mueve e innova porque, como sentenció Juan Antonio Gómez Pintado, presidente de la patronal del sector APCE, esta semana: “Sin innovación, no hay negocio“.

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