Deuda pública vs crowdlending

La deuda pública de un país es el dinero que se pide prestado para cubrir el déficit del mismo. Estos recursos financieros son, junto a los impuestos y la creación de dinero, los métodos que emplea un estado para financiarse y pagar los altos costes de la administración. La emisión de deuda en España suele materializarse en letras, bonos y obligaciones gestionados por el Tesoro Público. Cualquier particular puede acceder a la compra de estos valores soberanos con el fin de que el país se financie y, al mismo tiempo, obtener una rentabilidad. La gestión incluso puede hacerse por Internet, evitando intermediarios.

Se trata de productos de inversión a plazo fijo, lo que significaría que cuanto menos tiempo se tiene el dinero inmovilizado, menor es la rentabilidad que se obtiene. Además, existe un mercado secundario que permite volverlos a poner a la venta antes de su vencimiento si se necesita liquidez. La gran ventaja de estos valores es que gozan de una extraordinaria confiabilidad, puesto que es el ente público quien está detrás de ellos, lo cual suele ser garantía suficiente de cobro. No obstante, puede darse el caso de que el Gobierno acuerde una quita de deuda, lo que afectaría directamente a los inversores.

Excepciones aparte, el riesgo de insolvencia de un Estado es prácticamente nulo. Esta seguridad y el hecho de que su riesgo crediticio sea bastante bajo lleva implícita una contrapartida, y es que su rentabilidad, en términos generales, es muy limitada. De hecho, en la última subasta, todas las letras, ya fueran a 3, 6, 9 o 12 meses, arrojaron rendimientos negativos. Los valores más atractivos arrojaron porcentajes poco alentadores, aunque si se tienen conocimientos financieros más profundos, es posible sacar un mayor partido vendiéndolos en el momento idóneo. En general, se trata de activos refugio porque su rentabilidad está prefijada de antemano. Junto con los depósitos, son el producto de inversión favorito del ahorrador más conservador.

Riesgos y rentabilidad de cada producto

Las diferencias de la deuda pública frente al crowdlending saltan a la vista. En primer lugar, no hay un respaldo tan potente, pero las plataformas de financiación participativa, como es el caso de CIVISLEND, se cuidan bien de examinar concienzudamente a las empresas que acuden a ellas en busca de financiación. En nuestro caso llevamos a cabo hasta tres estudios antes de decidir publicar el proyecto en la plataforma: estudio preliminar, estudio de viabilidad realizado por un agente externo y un análisis del comité de riesgos.  Es innegable que el riesgo es mayor, pero está muy controlado y en todo momento se opera con transparencia para que el inversor tenga toda la información necesaria y tome decisiones con criterio. Por otro lado, la brecha entre la rentabilidad de las letras, bonos y obligaciones frente a la que ofrecen las plataformas es enorme, siendo esta mucho mayor si el ahorrador cuenta con cartera diversificada.

Uno de los puntos en los que la deuda pública y el crowdlending sí podrían llegar a tocarse es en el aspecto del impacto económico. Mientras que financiando al Estado se ayuda al pago de pensiones o a la mejora de la educación o la sanidad, con el crowdlending se financia la economía real, reforzando el tejido empresarial del país. Los inversores más abiertos a la novedad, enseguida han sido conscientes de las ventajas del crowdlending, apostando por este producto y empiezan a recoger los frutos de sus inversiones. Aunque a los más conservadores les cueste más y sean más reacios a los cambios, sería interesante que analizaran la oportunidad de la financiación alternativa en comparación con la deuda pública.

 

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