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Una de las máximas de la inversión es que la relación entre riesgo y rentabilidad es directamente proporcional. En este sentido, cuanto mayor es la incertidumbre respecto al comportamiento de un activo, más ganancias se esperan del mismo. Del mismo modo, cuanto más seguro es un producto financiero, menos retorno nos proporcionará. Por tanto, resulta clave tener claro el perfil de inversor que tenemos, ya que en función de si somos más conservadores o más agresivos, aceptaremos una mayor o menor exposición, lo que redundará en la optimización de nuestro ahorro. Es por ello que la aversión a las pérdidas, junto con los objetivos que nos propongamos y el horizonte de la inversión que marquemos guardan una relación muy íntima con el binomio riesgo-rentabilidad. El binomio riesgo-rentabilidad se aplica a cualquier tipo de inversión, desde la bolsa a los fondos, pasado por los derivados o el crowdfunding inmobiliario.

El inversor debe asumir que toda inversión conlleva un riesgo, que ninguna rentabilidad está asegurada al 100% y que el éxito pasado de una inversión no tiene por qué repetirse en el futuro

Al margen del perfil de inversor con el que nos sintamos más identificados, debemos aceptar que toda inversión conlleva un riesgo. Las oportunidades que prometen un alto rendimiento a cambio de no asumir ningún riesgo, simplemente, no existen. No hay ninguna alternativa exenta de peligro, pero sí que hay alternativas con menor riesgo que otras. Es erróneo dejarse llevar por la idea de que la renta fija no conlleva también cierta exposición, aunque carece del componente de volatilidad de muchos de los destinos de inversión que ofrece la renta variable.

Del mismo modo, es fundamental que atendamos a tres principios básicos:

  • El primero es que cuando se nos presente la posibilidad de escoger entre dos inversiones con el mismo riesgo, la opción ganadora será la que ofrezca mayor rentabilidad.
  • El segundo es que cuando ambas inversiones atiendan a la misma rentabilidad, lo mejor es decantarse por aquella que tenga menos riesgo.
  • El tercero es que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidad futuras.

Otra de las trampas en las que suele caer el inversor es que una mayor tolerancia al riesgo garantiza siempre un retorno más atractivo. Sobre el papel, esta afirmación sería cierta, pero la seguridad al 100% no existe. Siempre hay que hablar de rentabilidad teórica, ya que en el mercado se producen fluctuaciones que influyen en los beneficios que esperamos obtener. Precisamente, este desvío respecto a la rentabilidad esperada es lo que define al riesgo. Cuanto más se aleja la rentabilidad real de la potencial, mayor es el riesgo. Esta volatilidad puede hacernos perder el capital o hacernos ganar mucho dinero.

Para minimizar esta desviación resulta esencial comprender que una buena cartera debe se diversificada, estando compuesta por productos de inversión que equilibren ambas opciones, sin perder de vista la liquidez, otra de las variables relacionadas con el riesgo, puesto que cuanto más líquida es una inversión, menos expuesto al peligro estará nuestro patrimonio. Además, siempre debemos tener la vista puesta en el largo plazo, con el fin de obtener una revalorización sostenida en el tiempo. Por último, aunque el histórico de una determinada inversión sea muy prometedor, se trata de estadística no de probabilidad. El comportamiento de una inversión a lo largo del tiempo es útil de cara a la toma de decisiones, pero no garantiza nada, puesto que existen factores externos que podrían dar al traste con nuestras expectativas.

¿Cuáles son los riesgos de la inversión en crowdfunding inmobiliario?

Riesgo de precio

También llamado riesgo sistémico o riesgo de mercado. Los activos tienen un precio, y este fluctúa en función de los tipos de interés, de cambio o las crisis económicas. Imaginemos que queremos comprar una casa. El mismo inmueble podría suponer un mayor o menor desembolso en función del momento en el que decidamos realizar la transacción. Pensemos en lo que costaba adquirir una vivienda en pleno boom a lo que valía tras el pinchazo de la burbuja. Lo mismo pasa, por ejemplo, con las acciones en bolsa, que pueden subir o bajar. Con la inversión en crowdfunding inmobiliario este riesgo no existe, dado que el inversor decide cuánto dinero quiere destinar a cada uno de los proyectos, que buscan cubrir un objetivo de financiación fijo.

Riesgo de crédito

Se le conoce también como riesgo de insolvencia e implica que el emisor de una deuda no cumpla con sus obligaciones de pago. Este riesgo, asociado a la renta fija, sí que puede trasladarse al crowdfunding inmobiliario, dado que el promotor puede incurrir en retrasos o, directamente en el impago del préstamo, provocando que el inversor no reciba sus intereses ni el principal. En cualquier caso, plataformas como CIVISLEND realizan un exhaustivo análisis de los proyectos con el fin de minimizar este riesgo de crédito. De este modo, las oportunidades que llegan al marketplace llevan aparejado un rating de riesgo, que es una herramienta muy valiosa respecto a la calidad de la inversión.

Riesgo de liquidez

La liquidez se define como la capacidad de un bien de ser fácilmente transformado en dinero efectivo. Hay activos que son más líquidos que otros. Las acciones bursátiles cuentan con un mercado secundario donde otros inversores pueden comprarlas, pero a pesar de su liquidez, puede darse el caso de que en ese momento no haya interés por las mismas, lo que obligaría a venderlas por un precio menor. Los proyectos que se financian a través del crowdlending inmobiliario, al igual que los depósitos o ciertos fondos de inversión, están atados a un plazo determinado. Recuperar nuestra inversión sería difícil, y en caso de existir la posibilidad, conllevaría una penalización. Es fundamental, por tanto, que siempre se invierta dinero que no vayamos a necesitar a corto plazo.

Riesgo de cambio

Tiene que ver, sobre todo, con la inversión por medio de divisas diferentes a las que usamos en nuestro país, dado que cada moneda tiene su propia cotización. Dentro del crowdfunding inmobiliario, este riesgo afectaría a la inversión siempre y cuando vayamos a escoger plataformas de financiación participativa fuera de la zona euro, invirtiendo en proyectos que estén referenciados a dólares o a libras, por ejemplo.

Riesgo de inflación

La tasa de inflación es el coste de la vida. Cuanto más crece la economía de un país, más valor pierde el ahorro inmovilizado, por eso es importante que movilicemos nuestro capital, con el fin de no perder poder adquisitivo. A la hora de componer nuestra cartera, es esencial que tengamos en cuenta la inflación, decantándonos por alternativas que traten de batirla o, al menos, igualarla. La rentabilidad de los proyectos de crowdfunding inmobiliario siempre está por encima de la inflación, siendo el coste de oportunidad muy alto en comparación con el ahorro improductivo.

Riesgo político y legislativo

La decisiones de un Gobierno condicionan la rentabilidad de las inversiones, dado que los movimientos legislativos pueden subir los impuestos y obligar al contribuyente a tributar por un margen mayor, lo que repercutiría en una merma en sus ganancias. Por otro lado, en lo que respecta a las plataformas de financiación participativa, su operativa fue validada gracias a la Ley 5/2015, de 27 de abril, de fomento de la financiación empresarial, y más recientemente, la publicación del Reglamento (UE) 2020/1503 ha logrado dar mayor seguridad a los inversores y abrir las puertas de otros países europeos a los promotores para captar financiación.

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